ENTREVISTA A LUIZ RUFFATO



“Es más peligroso un Bolsonaro en Brasil que un Trump en EE. UU.”

Brasil vive días inciertos. El 7 de octubre elegirán presidente, y el favorito, hasta ahora, es Jair Bolsonaro, exmilitar que odia a los negros, los homosexuales y las mujeres. ¿Qué puede pasar?

Por Angélica Lagos Camargo, El Espectador

Luiz Ruffato (Brasil, 1961) trabajó desde los seis años. Fue obrero, tornero, mesero y, finalmente, periodista y escritor. Su primer libro, “Ellos eran muchos caballos”, desnudó las desventuras de los brasileños que viven en las calles de São Paulo. En su más reciente libro, “Domingos sin Dios”, explora la vida de la clase obrera brasileña desde los años 50 hasta ahora. Se volvió escritor para mostrar el país urbano, la diversidad de la sociedad brasileña y las inmensas desigualdades que hoy existen.

Por eso no se sorprende con el fenómeno que conmociona al país por estos días: Jair Bolsonaro, candidato de la extrema derecha, que, a una semana de la cita electoral (las elecciones son el próximo 7 de octubre), se ubica en las encuestas como el favorito para ganar la Presidencia.

Las encuestas también coinciden en que la segunda vuelta, que se llevará a cabo el 28 de octubre, sería definida por un muy escaso margen, lo que aumenta la incertidumbre respecto al modelo que impondrá el próximo Gobierno.

haddadlula

Fernando Haddad y Lula da Silva

EE: ¿Qué hace que un hombre racista, misógino, que añora la dictadura y odia a los negros sea el favorito para ganar la Presidencia?

Luiz Ruffato: La última encuesta nos da algo de esperanza: aunque muestra que Jair Bolsonaro pasa a la segunda vuelta, también revela que el apoyo a Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) está subiendo. No creo que Bolsonaro logre los números para ganar. Pero hay una pregunta aún más importante: ¿qué pasará si no gana el extremista Bolsonaro?

¿Qué pasaría?

Los militares y los mismos seguidores no dejarían al ganador gobernar. Hay muchos elementos de las Fuerzas Armadas interesadas en movilizarse para que el PT no vuelva al gobierno. También se elegirá Parlamento, que ya era extremadamente conservador; con Bolsonaro, tan popular en todo el país, será ultraconservador.

¿Por qué Bolsonaro se convirtió en este fenómeno político?

Es comprensible que esto pase justamente por nuestra historia. Brasil ha sido un país de derechas, de gente muy conservadora, de dictaduras, muy lejano de la democracia. Por lo tanto, el pueblo brasileño no tiene una experiencia larga de diversidad, a pesar de ser una nación tan variada. La idea que el resto del mundo tiene del país es totalmente equivocada: eso de que Brasil es una fiesta, que nos llevamos muy bien, que hay democracia racial, es mentira. La realidad es más compleja: por eso es natural que Bolsonaro tenga la cantidad de seguidores que tiene. Además, un buen número de votos que se lleva Bolsonaro son producto del rechazo al Partido de los Trabajadores (PT).

¿Qué hizo el PT, el partido del expresidente Lula da Silva, para generar ese malestar del que habla?

El gobierno de Lula da Silva, sin duda, fue el más importante de la historia de Brasil. Lo poquito que hicieron Lula y su sucesora, Dilma Rousseff, es mucho más de lo que hicieron los gobiernos anteriores, pero también hay una cosa clara: hay un resentimiento grande de la clase media brasileña, la gente blanca está en contra de Lula, rechazan los pocos pasos que Lula logró dar para disminuir la enorme desigualdad de Brasil, como una mejor distribución de renta, la reducción de la pobreza y la participación de los negros y pobres en cosas antes exclusivas de la élite. Eso trajo mucha molestia. Y bueno, la corrupción, que aunque siempre ha existido en el país, pasó de ser una marca de la derecha a ser un pecado de la izquierda, que también resultó ser corrupta.

¿Bolsonaro forma parte de la ola de extrema derecha que recorre Europa y América Latina?

No, creo que son cosas distintas, la expansión de la extrema derecha en Europa es algo ideológico. Pero en Brasil es más que esto, es una fase de la sociedad brasileña que siempre fue conservadora. Lo que pasa es que nunca hubo alguien fanático ni extremista que encarnara las ideas de una parte de la élite. En EE. UU. y Europa hay una opinión publica movilizadora, contraria a los extremos, o sea hay una consolidación democrática que en mi país no hay. Por eso es más peligroso un hombre como Bolsonaro en Brasil que un Trump en EE. UU. Aquí nosotros no tenemos democracia verdadera.

¿Qué queda de Lula y de Dilma Rousseff?

Es muy curioso porque Lula es un líder político en prisión con un inmenso capital político. Lo demostró cuando puso a Dilma Rousseff como su sucesora y ahora con el repunte de Fernando Haddad. Todo es por la fuerza de Lula. Por cuenta de los beneficios que trajo para los pobres de Brasil, Lula es un personaje indestronable, con mucho respaldo. Haddad puede ser presidente en la segunda vuelta, gracias al respaldo de Lula. Mi país es raro: el político más importante preso y un excapitán del Ejército con ideas fascistas, de favorito.

¿Estamos ante el final político de Lula?

¡Al contrario! Estas elecciones marcan la resurrección de Lula: después de ocho años de estar fuera del espectro político se convierte en el líder de las elecciones presidenciales. Y ahora desde la cárcel puede poner a Haddad en la Presidencia. Esto habla de su fuerza: Haddad era un personaje desconocido en el país. La prisión de Lula no será para siempre, va a salir pronto y retornará con más fuerza.

Protestas, violencia, guerra en las redes sociales, malestar… ¿Cómo llega Brasil a este punto?

Aunque hay un peso histórico, el país entra en un extraño momento con el golpe a Dilma Rousseff. Lo que le ocurrió fue una tentativa de la centro-derecha de retomar el poder. Pero fíjese, ella volverá como senadora por Mina Gerais. La derecha cometió un error al sacar a Dilma y hoy su candidato está en el último lugar. Todo les salió al revés. No son compatibles con Bolsonaro, no quieren votar por él.

¿Qué le deja Michel Temer, el reemplazo de Rousseff, a Brasil?

Temer tiene el 81 % de desaprobación. Fue un desastre absoluto, la situación económica es terrible, el desempleo, la violencia urbana se disparó… el país está a punto de naufragar.

¿Qué cree que le pasó a la izquierda latinoamericana, en donde todos o casi todos salieron mal de sus gobiernos?

Este es un momento de reflexión para ellos. Pero hay que hacer claridad: hay gobiernos de izquierda y gobiernos que se hacen llamar de izquierda. Ni Daniel Ortega, en Nicaragua, ni Nicolás Maduro, en Venezuela, son de izquierda: son dictadores. La izquierda debe repensar su discurso porque se está ganando el rechazo generalizado.

¿Los movimientos que han surgido lograrán detener esta semana a Bolsonaro?

Los brasileños somos muy bravos individualmente, pero muy pacíficos colectivamente. Esto es algo muy interesante, no nos unimos para nada, nuestra sociedad es muy individualista. Cuando se habla de las mujeres, uno no sabe de cuáles están hablando: ricas, pobres, negras, blancas, mestizas, trans, la heteros… es muy difícil hacer una cosa grupal en el país. No conseguimos protestar unidos contra nada. Por eso las manifestaciones de 2014 no prosperaron: no tuvimos una bandera.

¿Qué tanto ayudaron las redes sociales a volverlo el fenómeno que es hoy?

Ampliaron su visibilidad, pero Bolsonaro es un fenómeno político. Él refleja el pensamiento de buena parte de la sociedad brasileña, representa una parte grande del país. Además, ya se implantó en la sociedad y definirá lo que sigue en Brasil.

Foto: Ricardo Stuckert